A los 17 años construyó en su casa una máquina de diálisis 60 veces más barata que las de hospital

La historia de Anya Pogharian, la joven de Montreal que convirtió un proyecto de feria científica escolar en un prototipo que sorprendió a especialistas en nefrología.


En 2015, mientras cursaba la secundaria en Montreal, Canadá, Anya Pogharian hacía un voluntariado en la unidad de diálisis de un hospital. Ahí fue testigo directo de algo que la marcó: pacientes con enfermedad renal conectados durante horas, varias veces por semana, a máquinas que cuestan alrededor de 30.000 dólares y que solo están disponibles en grandes centros hospitalarios.

En lugar de quedarse con esa impresión, decidió convertirla en su proyecto de feria de ciencias del colegio. Sin formación médica ni de ingeniería biomédica, se dedicó a estudiar manuales técnicos de máquinas de diálisis disponibles en internet y a investigar qué componentes electrónicos económicos podían replicar esas mismas funciones.

Cuatro meses, piezas recicladas y un maletín

Trabajando en su tiempo libre, Pogharian construyó un primer prototipo en apenas cuatro meses, reutilizando piezas y componentes de bajo costo. El resultado fue un dispositivo portátil, del tamaño de un maletín, muy distinto a las voluminosas máquinas hospitalarias que había visto durante su voluntariado.

Su segundo prototipo terminó costando cerca de 500 dólares, frente a los 30.000 dólares de un equipo convencional: una diferencia de hasta 60 veces en el costo, manteniendo el mismo principio de funcionamiento que un sistema de hemodiálisis real.

Una prueba que superó todas las expectativas

El verdadero punto de inflexión llegó cuando Héma-Québec, la organización que gestiona el suministro de sangre y tejidos en Quebec, se interesó en el proyecto y ofreció poner a prueba el prototipo en su laboratorio. Los especialistas esperaban que la máquina tardara alrededor de dos horas y media en filtrar cuatro litros de sangre simulada, el tiempo típico de una sesión de diálisis.

El prototipo de Pogharian lo logró en apenas 25 minutos. Yves Blais, vicepresidente de investigación y desarrollo de Héma-Québec, reconoció públicamente que el sistema resultó sorprendentemente eficiente, y la institución invitó a la joven a continuar probando futuras versiones de su diseño.

De un proyecto escolar a la atención internacional

La historia, publicada originalmente por CBC News, se viralizó rápidamente y le trajo a Pogharian mensajes de pacientes y medios de comunicación de países tan distintos como India, Australia, Rusia y Armenia. Una empresa del sector de la salud llegó incluso a ofrecerle apoyo y filtros para seguir desarrollando el proyecto.

El dispositivo nunca llegó a comercializarse ni a probarse en pacientes reales: se mantuvo como una prueba de concepto, no como un producto médico certificado. Pero cumplió otro propósito importante: puso en la conversación pública, a nivel internacional, la necesidad de tratamientos de diálisis más accesibles, portátiles y económicos, especialmente pensando en zonas rurales, países en desarrollo o situaciones de emergencia.

Por qué esta historia sigue siendo relevante

Casi una década después, el caso de Anya Pogharian sigue citándose como un ejemplo de cómo la curiosidad, la investigación autodidacta y la insistencia pueden acercar soluciones a problemas que, a primera vista, parecen reservados a grandes fabricantes con años de investigación. No resolvió por sí sola el acceso a la diálisis en el mundo, pero demostró que la barrera no siempre es tecnológica: muchas veces es de diseño, de costos y de quién se anima a preguntar "¿por qué tiene que ser tan caro?".


Fuente: CBC News (2015), con seguimiento posterior de CTV Montreal y Héma-Québec.